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Las diez mejores animaciones de la historia

Nation - Las mejores animaciones de la historia

Compartimos esta selección elaborada por el magnífico Terry Gilliam

The Mascot

(Wladyslaw Starewicz, France 1934)

Starewicz, animador ruso nacido en Polonia, realizó más de cien películas. Su trabajo, presto a la fantasía, fue una influencia trascendental para algunos de los animadores más reconocidos de las décadas posteriores: Svankmajer, los hermanos Quay y Tim Burton. También fue determinante para el propio Gilliam, quien quedó extasiado tan pronto los vio. “Sus títeres eran tan encantadores que, tan pronto llegué a casa, ordené todas las cintas que pude encontrar. Aquí fue donde todo empezó”.



Pinocchio

(Hamilton Luske and Ben Sharpsteen, US, 1940)

La historia del títere que quería ser un niño de verdad nunca perderá vigencia y digamos que aplica también para niños de varias décadas. A Disney le debemos algunas de la historias que más disfrutamos y también que la animación pasara a formar parte de la cultura popular. Gilliam también lo agradece. “Pinocchio es su película más rica visualmente y también la más oscura. El mundo de los niños malos es en verdad una pesadilla inmortal, llena de imágenes misteriosas de niños convirtiéndose en asnos y toda clase de rarezas. Además, hay algo intrigante acerca de un personaje que quiere desesperadamente ser una persona de verdad, mientras que todos pensamos que es más interesante como un trozo de madera”.



Red Hot Riding Hood

(Tex Avery, US, 1943)

Quizás no reconozcas el nombre de Avery, pero sin duda conoces su trabajo. Animador en la época dorada de Hollywood, colaboró principalmente con Warner Brothers, para quienes desarrolló personajes inolvidables como el Pato Lucas, Bugs Bunny, Droopy y Porky. Muchos de los recursos que se usan en las caricaturas de hoy en día, fueron creadas originalmente por Tex. “Avery estiraba cuerpo y rostros como quería, y el resultado era increíblemente gracioso. Creo que debiéramos proyectar su trabajo en los festivales como antídoto a la corrección política. Además, hay una sensación infantil de inmortalidad e indestructibilidad en su obra”.


Out of the Inkwell

(Dave Fleischer, US, 1938)

Fleischer estuvo encargado de supervisar animaciones legendarias, como Popeye o Betty Boop. Luego destacó también como creador de efectos especiales, su trabajo en Los Pájaros, de Hitchcock, será eternamente admirado. “Lo vi por primera vez de adolescente y, en retrospectiva, fue un gran salto en mi carrera. Fue cuando descubrí el surrealismo. Cuando la vi, la amé, no porque quisiera ser el animador cuya tinta cobraba vida, sino porque quería ser la animación, el payaso que trae caos al mundo”.



Death Breath

(Stan van der Beek, US, 1964)

VanDerBeek fue un cineasta experimental del más alto calibre, tanto así que entabló amistad con creadores de la talla de John Cage y Buckminster Fuller. Su obra, de talante dadaísta, rompió fronteras, al grado en que forma parte de la colección de Tate Gallery. Gilliam solía acudir a las funciones de cine avant-garde, en parte porque al resto de sus compañeros les irritaba, cuando “una noche que estábamos sobrellevando algo de eso cuando aparecío en la pantalla una imagen cut-up de Richard Nixon intentando hablar con su pie en la boca. Era el chiste más simple imaginable”. Sin embargo, fue suficiente para inspirar la mítica animación con que Gilliam diseñó para el inicio de Monty Phyton and The Flying Circus.

Crédito: Lux



Les Jeux des Anges

(Walerian Borowczyk, France, 1964)

Borowczyk destacó como director, pintor y guionista, así como por sus animaciones de corte surrealista. Luego se especializó en el cine erótico. Es parte importante del magnífico canon de cine polaco. Su talento lo llevó a colaborar con Chris Marker y a influenciar a leyendas del cine como Gilliam. “Les Jeux des Anges fue mi primera experiencia de animación totalmente impresionista. No mostraba algo en específico, sólo sonido y movimiento desde el cual podías crear tu propio mundo”. Borowczyk logró lo que muchos cineastas anhelan: una mirada única.


Dimensions of Dialogue

(Jan Svankmajer, Czechoslovakia, 1982)

Más de uno considera a Svankmajer el más grande maestro de la animación. Con un poco de plastilina, usando la técnica del stop-motion, inspirado en grandes de la literatura como Lesiws Caroll y Edgar Allan Poe, el cineasta checo creó un universo paralelo que oscila entre la belleza y la pesadilla. Aunque es más reconocido por obras como Alicia y Light, darkness, light, Gilliam eligió Dimensions of Dialogue, cortometraje inspirado en Archimboldo que le mereció varios premios internacionales. “Sus filmes siempre me dejan con sentimientos encontrados, pero todos tienen momentos que en verdad me llegan; momentos que evocan un espectro de pesadilla, ver objetos comunes cobrar inesperadamente vida”



Street of Crocodiles

(The Quay Brothers, UK, 1986)

Los hermanos Quay, gemelos idénticos, han sido la vanguardia del stop-motion por más de treinta años. Su filmografía incluye más de cuarenta y cinco obras, incluyendo cortometrajes, documentales y videos musicales. La calidad y profundidad de su obra es tal que ameritó una retrospectiva en el MoMa y fue influencia determinante para cineastas como Christopher Nolan, Burton y el propio Gilliam. “Como estadounidense, siempre quise ser seducido por esta extraña, decadente, podrida idea de Europa, y los Quays han creado un mundo de tal manera que me hipnotiza, aunque no puedo comprender del todo”.



Knickknack

(John Lasseter, US, 1989)

El trabajo de John Lassester representa la primera animación digital que otorgó genuina vida a sus personajes. Poder mezclar ese nivel de caracterización con la suave, fresca, limpia calidad de la animación a computadora, para dar como resultado la sensación de la existencia tridimensional, la susceptibilidad y tactilidad, fue como descubrir toda otra textura de animación.


South Park: Bigger, Longer and Uncut

(Trey Parker, US, 1999)

“De los creadores que fueron inspirados por mí, Parker y Stone son los únicos que llevaron la crudeza de mis animaciones a niveles incluso más bajos. Lo suyo es tan de pacotilla que resulta milagroso que funcione. Les aseguré que, si acaso lo suyo era genial para la TV, no había forma de que pudieran sostenerlo por 90 minutos. Y, por supuesto, su película fue brillante”.



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