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Estas colombianas combaten la violencia sexual a través de la literatura

Estas colombianas combaten la violencia sexual a través de la literatura-NATION

Las Troyanas erradicando la violencia sexual mediante las letras.

Un grupo de estudiantes de la Universidad de los Andes fundó Las Troyanas en 2015, para acercar a la sociedad colombiana a los relatos de mujeres abusadas sexualmente en medio del conflicto armado, sin caer en la revictimización. Usan los poemas, ilustraciones, cuentos y fábulas para contar sus historias de resiliencia y empoderamiento.

El grupo actualmente cuenta con 16 integrantes, entre los 19 y 24 años y todas estudian carreras afines a las Ciencias sociales.

“Negrita bella:

No he podido parar de pensar en ti. Es que yo me miro al espejo y te veo, tenemos cosas tan parecidas: piernas, brazos, pelo, vagina, corazón. Pero ¿cuántas manos eran las que te torturaban esa noche? ¿lo recuerdas? ¿cuántas voces? Unas voces así, de esas mismas que te acecharon, las escuché yo el otro día que me bajaba del bus; unos hombres en un callejón oscuro me miraban y me miraban. Sentí miedo, pero tenía que bajarme y caminar para llegar la casa. Entonces, regresaste a mi mente, de nuevo tu denuncia empezó a resonar en mi cabeza.”

“Me acordé de las cosas que no alcanzaba a entender o no alcanzaste a decir, cosas que aún me ponen a temblar. Tus palabras se me escapan, pero las sentía vivas. Denunciaste cómo fue que te vendaron la cara, te tiraron al piso y yo sé que el pánico te circundaba por el cuerpo como a mí esa noche. Me decías que te quitaron la ropa, te tiraron al suelo, te golpearon más y más la cara. “¡Hagámosle de todo!” – dijeron esos tipos, seguramente entre risas- y por eso yo te pensaba tanto mientras me bajaba del bus acercándome al callejón o las voces. Tu denuncia reclamaba que eran cuatro, cuatro voces las que escuchaste, cuatro manos que sentías por tu piel antes de que te desmayaras del dolor (…)”.

La “negrita” es una mujer de Nariño sin nombre ni rostro en este relato, por respeto a su dignidad y voluntad. Ella, un día que permanecerá indefinido, participó en una jornada de denuncia colectiva por abuso sexual, donde había casi 60 mujeres de este departamento que también sufrieron algún tipo de violencia sexual durante el conflicto armado. Cada una relató con detalles lo ocurrido ante funcionarios de la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo.

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La Red de Mujeres Víctimas y Profesionales, una asociación que trabaja por los derechos de mujeres violentadas sexualmente, las impulsó a denunciar unidas, como una manera de ser escuchadas ante el Estado y la sociedad, y de hacerles saber que no están solas. Son jornadas que realizan en nueve regiones del país.

La denuncia de la mujer nariñense cayó en las manos de María Fernanda Buitrago, estudiante de Antropología y Literatura de la Universidad de los Andes e integrante del Grupo Las Troyanas, un colectivo conformado por 13 mujeres y 3 hombres de esta universidad que recoge las denuncias de violencia sexual que salen estas jornadas para convertirlas en historias literarias.

Con el apoyo de la Red de Mujeres, su aliada desde que nacieron como iniciativa estudiantil en 2015, Las Troyanas transforman las denuncias en cuentos, poemas, relatos y caligramas. Son expresiones literarias que no replican el momento del abuso sexual, sino que interpretan las secuelas: la relación de las mujeres con su cuerpo tras la violencia, la maternidad, la vergüenza que sienten de contar lo que les ocurrió, sus silencios y cómo enfrentan la estigmatización de la sociedad.

“A veces las mujeres creen que poner la denuncia les va a cambiar la vida y lastimosamente no es así. Es un proceso emocional y por eso consideramos que Las Troyanas pueden ser importantes, porque si bien no es un tema que se discute en la mesa del desayuno, sí es necesario crear los canales para que se conozca lo que está ocurriendo. Si no se habla de esto, ¿cómo se va a sanar?”, afirma María Díaz, estudiante de Ciencia Política y Psicología, que entró a hacer parte de Las Troyanas hace año y medio.

El colectivo nació en el segundo semestre de 2015 gracias a Lucía Gallón, una estudiante en ese entonces de Filosofía y Literatura que conoció las jornadas de denuncias colectivas y quiso abrirles un canal de escucha más allá de las víctimas, el Estado y la academia. Quería que personas de todas las edades entendieran lo que han vivido estas mujeres a partir de la narración y la empatía. En marzo de 2018, Las Troyanas se convirtieron oficialmente en fundación.

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blockquote>“Paré en seco y recordé: “me vendaron la cara, escuché a varios tipos y empezaron a desnudarme”, sí esas eran tus palabras, las palabras de tu carta…entonces me dio menos miedo cruzarme con los carros que con esos tipos. Veía la luz de los autos venir hacia mí y con cada luz más detalles de la denuncia: que te quedaste un rato tirada en el suelo inmóvil, que luego te bañaste, pero que el olor no se iba, que el miedo no se iba (…)”

El colectivo adoptó como nombre el título de la tragedia griega escrita por Eurípides, un relato que cuenta lo que quedó de Troya después de la guerra a partir de la vida de las mujeres. Esto mismo hace este grupo de estudiantes: relatar la guerra en Colombia desde la violencia sexual hacia las mujeres, no como víctimas sino como seres humanos resilientes.

En 2018, la Red recogió más de 700 casos documentados de violencia sexual, que entregaron el pasado agosto como informes a la Sala de Reconocimiento de Verdad de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), a la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos y a la Comisión de la Verdad. A eso se le suma que un grupo de integrantes de la Red de Mujeres fueron las que trabajaron en la creación de los moldes de ‘Fragmentos’, el contramonumento hecho por Doris Salcedo con las armas fundidas que dejaron las Farc.



La labor de las Troyanas ha trascendido de las esferas académicas y los círculos de discusión de estas mujeres. Sus familias y amigos también se han involucrado con este proceso, eliminando de su conciencia el imaginario de que el abusador es un “monstruo”, “enfermo de la cabeza” o “desadaptado”, sino que fueron hombres comunes y corrientes, guerrilleros, soldados o paramilitares, que en medio de la guerra usaron los cuerpos de las mujeres para sembrar terror, para “marcarlas” como si fueran de su propiedad.

A través de los escritos estas mujeres ayudan a otras a educar sobre temas de sexualidad y además evitan que la violencia sexual sea algo que se normalice. También brindan cursos en comunidades indígenas y ayudan a las víctimas de abusos sexuales a desahogarse mediante la literatura.



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