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Este carpintero ha hecho y donado más de 10 mil muletas en 48 años para gente necesitada

“Lo hago porque es una cosa muy necesaria, es desde el fondo de mi corazón”.

Nicola Gonçalves es un carpintero de 89 años de Brasil quien ha fabricado y donado más de 10.000 muletas y bastones desde 1972.

La motivación para hacer muletas y bastones comenzó hace 48 años. “Antes yo hacía juguetes y los llevaba a los niños, siempre tuve esa manía de ayudar. Nunca hice nada con intención de ganar dinero, lo importante es ayudar”, dijo el carpintero.





Nicola comenzó a aprender carpintería a los 10 años con su padre. Años después, se mudó a San Carlos y abrió un taller, donde hizo su primera muleta tras una petición de un tío.

“En 1972, mi tía se rompió la pierna y él me pidió hacer una muleta. Pasó algún tiempo, un vecino vino a pedir que yo hiciera otra, después vino otro y pidió lo mismo y así comenzó”, contó el jubilado.

Con el paso de los años, el carpintero empezó a producir más muletas y hoy hace dos al día. Internet ayudó a intensificar los pedidos y el jubilado dice que nunca dejó de hacer para quien lo necesita.





“Yo nunca hice propaganda, la gente se enteraba porque una contaba a otra. Algunos médicos nos indicaban y daban nuestra tarjeta para quien necesitaba muletas”, dijo Gonçalves.

El jubilado hace de la acción un pasatiempo. Hoy, con dificultad para mantenerse en pie, él tiene la ayuda de su hijo y de su nieto que preparan la madera que será usada para hacer las muletas y bastones.

“La persona viene aquí, saca las medidas y el otro día le entrego sus muletas. Mi hijo siempre deja la madera lista para hacer, cuando tomo para montar demora cerca de dos a tres horas”, contó el carpintero.

Los gastos mensuales del jubilado con la producción son de $300 dólares. Gonçalves dijo que nunca pidió dinero a las personas por las piezas, pero que algunos ayudan como pueden.





“Utilizo la madera, el perno, el clavo y el caucho. Algunas personas me dan dinero para ayudar en los costos del material, pero nunca pedí. Yo lo hago para quien lo necesita, lo hago para aquella persona que va a utilizar para siempre, quien tuvo la pierna amputada o tiene algún otro problema”, relató el jubilado.

Después de tantos años, el carpintero dejará de producir en los próximos meses. Por su salud, él dijo que ya no puede hacer como antes y que ya ha finalizado su objetivo.

“Voy a parar de aquí un tiempo. No puedo quedarme de pie, tiene días que mis piernas no aguantan y tengo que estar sentado todo el día. Mi hijo y mi nieto me ayudan en las horas libres, pero ahora ha llegado la hora de parar”, dijo Gonçalves.

Con tantas historias a lo largo del tiempo, el jubilado contó una que para él es especial.

“Una vez, una enfermera de Araraquara vino hasta aquí en la Navidad pidiendo una muleta. Ella dijo que la pieza era una petición de un niño que estaba en el hospital. Le acababan de amputar el pie y pidió de regalo una muleta para poder correr junto con sus hermanos. El otro día lo hice y la entregué a ella. Las muletas le cambiaron la vida al pequeño”, contó.

Un hombre con un gran corazón que siempre ha buscado como ayudar a los demás con su oficio.